Stranger Things es tan genial que no quiero una segunda temporada

(Aviso: Esta publicación probablemente tenga spoilers para la primer temporada de Stranger Things. Si no la viste o no la terminaste, andá y mirala. No duermas hasta terminarla. No es tanto, son sólo ocho episodios, y muchos ni siquiera duran una hora completa.)

La semana pasada devoré la primer temporada de Stranger Things, la nueva serie de Netflix creada por los Hermanos Duffer que es un orgía de homenajes al cine y la cultura pop de los 80s. Stranger Things es una vorágine de referencias al cine de Steven Spielberg y John Carpenter, la literatura de Stephen King, fenómenos pop como Dungeons & Dragons y una brillante banda sonora que tiene su propio playlist en Spotify. Y más allá de su appeal nostáligico a quienes nacimos en la última década de la Guerra Fría, es una serie de ciencia ficción/terror que se toma más en serio a sus personajes que muchos dramas pretendidamente serios. En un año quiero que esta serie coseche Emmys en carretillas.

Pero dicho todo eso, tengo un problema: por más que haya amado la historia y los personajes, por más que me parezca que los Hermanos Duffer son un gran descubrimiento para el cine y la televisión, por más que me duela que la historia haya terminado… no quiero una segunda temporada.

De verdad.

Explico: en general, las series a las que queremos retornar año tras año tienen uno o varios de estos elementos: una trama atrapante, un mundo enorme al que volver y personajes humanos con los que queremos pasar más tiempo. Y por distintos motivos nada de esto me convence.

En primer lugar, la trama. Sí, la trama de Stranger Things funciona muy bien. ¡Tal vez demasiado bien! Al final de la temporada los grandes misterios de la serie están mayormente resueltos: Will Byers está de vuelta en casa, sabemos la naturaleza del monstruo y el mundo del que vino, los villanos humanos están muertos. Es una conclusión perfecta. Ojo, la serie deliberadamente deja algunos cabos sueltos para retomar más tarde (el destino de Once, el encuentro del jefe Hopper con los agentes que lo hacen subir a un auto, el hecho de que posteriormente deja unos waffles sospechosos en una caja fuera de su casa, la babosa sombría que Will regurgita tras volver a casas), pero realmente no me molestaría quedarme con el misterio. Prefiero eso y no una continuación que no esté a la altura de la primer temporada.

En cuanto al mundo de la serie, por más fascinante que sea… es minimalista. Hawkins es un pueblo chico de Indiana que podría ser como cualquier otro, de no ser por la presencia de un portal dimensional. No hay mucho más para explorar sin crear nuevos elementos de ciencia ficción. Pero lo interesante serían esos nuevos elementos, no Hawkins, un pueblo cuya vida cotidiana no me importa ni un poco. De hecho, tuve que googlear el nombre del pueblo para escribir esto porque ya lo había olvidado.

Finalmente, los personajes. Sí, más arriba dije que Stranger Things se toma totalmente en serio a sus personajes y sus problemas, y eso es cierto. Pero a la vez, no parecen ser personajes ideales para una serie de TV. Alguna vez leí que una diferencia fundamental entre los personajes de cine y los de series es que los primeros están atravesando el momento más importante de sus vidas (Luke Skywalker sólo puede redimir a su padre una vez, Frodo sólo puede destruir el Anillo una vez, Elliot no encuentra extraterrestres en su jardín todos los días), mientras que los protagonistas de TV son aquellos que SIEMPRE tienen vidas interesantes (y por eso funcionan tan bien los policiales en televisión: cada caso es una nueva pequeña historia). A mi me cuesta creer que los personajes de Stranger Things permanentemente tengan vidas tan agitadas como lo fueron durante la semana de la desaparición de Will Byers. Ni siquiera Hopper: al comenzar la historia se encarga de dejarnos en claro que en Hawkins nunca pasa nada. La progresión dramática de Stranger Things es más parecida a la de una película de 8 horas de duración que a la de una serie de TV.

Ahora, hay un problema con mis deseos: a juzgar por la reacción en las redes sociales, Stranger Things fue un tremendo éxito. No hay chances de que no haya nuevos episodios a futuro. ¿Pero de qué manera podrían los Duffer hacer más temporadas de esta serie sin dañar el legado de la primera? Para mi, lo ideal sería una antología. De la misma manera que cada temporada de American Horror Story cuenta una nueva historia en una nueva ambientación, Stranger Things podría aplicar su estilo ochentoso a contar diferentes tipos de relatos fantásticos. No hay por qué quedarse en Hawkins: me encantaría ver qué hacen los Duffer en distintas locaciones exóticas o no tanto, trastocándolas de la misma manera que lo hicieron con el bucólico pueblito del Midwest estadounidense en la primera temporada.

Y aparentemente los hermanos Duffer en algún punto coinciden conmigo: si bien oficialmente la segunda temporada no está anunciada, nadie cree que no vaya a suceder. En declaraciones a IGN, los creadores de la serie anunciaron que más que una segunda temporada piensan una eventual continuación como una “secuela”. Pero en una entrevista con Slashfilm, el productor Shawn Levy anunció que los personajes originales volverían en una eventual segunda temporada. Así que lo que podemos esperar es algo a mitad de camino: una nueva aventura autocontenida, pero a la vez retomando los mismos personajes y universo.

Ojalá sea sobre una gran infestación de monstruos sombríos que se reprodujeron a partir de la babosa que escupió Will.

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