“Si odiás a Estados Unidos, ¿por qué mirás películas de Hollywood?”

El Planeta de los Simios
El Planeta de los Simios

Una idea que no parece poder dejar de circular es que deba haber una correlación entre las ideas políticas y las preferencias estéticas, artísticas o culturales. La expresión del título es común, pero puede expresarse con otros ejemplos. Alguna vez escuché “Si sos tan defensor de los pobres, ¿por qué no te vas a vivir a la villa?”. Aparentemente esta idea es patrimonio de la derecha política: nunca escuché a una expresión como “Si tanto te gusta el libre mercado andate a vivir las Islas Caimán” o “Si sos tan facho, ¿qué hacés leyendo a Roberto Arlt o mirando películas de Oliver Stone?”.

Uno pensaría que las frases hipotéticas que postulé recién alcanzarían para mostrar lo ridículo del planteo, pero me interesa ir más allá. Sobre todo, en lo que hace al cine.

El principal problema del planteo es que pide coherencia donde no la hay, no la habrá, ni tiene por qué haberla. Yo miro MUCHÍSIMAS películas y series hollywoodenses, desayuno panceta y huevos fritos casi todos los días, y hasta a veces me atrevo a comer en McDonalds y tomar Coca Cola. Difícilmente podría decirse que odio a Estados Unidos (sin mencionar que tengo familiares allá a los que quiero mucho). Eso no impide que muchas veces me oponga a la política exterior (o incluso interior) de Estados Unidos, o incluso que no pueda criticar aspectos de su cultura.

¿Es incoherente esto? No tanto como la alternativa. Verán, a mi también me encantan las películas de Kung Fu, el chaw fan y los arrolladitos primavera. ¿Debería por ese motivo defender todas las decisiones políticas de la República Popular China?

Imaginemos que pronunciara palabras elogiosas sobre la capacidad de Leni Riefenstahl como compositora visual. ¿Eso me haría nazi retroactivamente? Si me opongo al colonialismo británico y a la monarquía ¿puedo escuchar a Sir Paul McCartney o Sir Michael Phillip Jagger? ¡Por suerte los Sex Pistols hicieron méritos suficientes como para nunca recibir honores de la reina!

¿Si algunos gobiernos estadounidenses me gustan más que otros, puedo apreciar el cine de esos períodos? Si es así, que suerte que Franklin Delano Roosevelt gobernó durante una de las etapas más fértiles de Hollywood (1932-1945), y que suerte que a Kennedy lo mataron rápido, la primera mitad de la década del ’60 es de los peores períodos del cine estadounidense. La década del ’70 es complicada: me pierdo obras maestras como El Padrino, estrenada durante el gobierno de Richard Nixon, pero por lo menos me queda Star Wars, estrenada durante la administración Carter.

¿Y qué pasa si soy fan de Michael Moore, que ha criticado las mismas políticas que a mi no me gustan desde el propio Hollywood? Ahí estoy cagado.

Ver películas de Roman Polanski ¿me hace violador de menores por propiedad transitiva? No quiero pensar qué pasa si miro películas de Woody Allen.

Estimo que cine nacional puedo ver, pero ¿qué pasa con aquellos artista que tienen convicciones políticas diferentes a las mías? ¿Puedo ver películas de Campanella, aunque esté en mis antípodas ideológicas? Puedo vivir sin sus películas, aunque preferiría poder verlas… ¡Pero por favor, no me prohíban los capítulos de 30 Rock que dirigió!

En fin, si por mantener la coherencia entre mis ideas y mis gustos tengo que dejar de lado tantas cosas que me gustan, prefiero ser inchoerente. Pero en lo que hace específicamente al cine, hay un segundo argumento poderoso: Hollywood es un monstruo que también valora más el pragmatismo que la coherencia.

La industria cinematográfica estadounidense nunca tuvo problema en apropiarse de artistas y técnicas desarrolladas fuera de sus fronteras. En la década de 1920 aprendieron el arte del montaje de Eisenstein, en los años 30 y 40 acogieron directores europeos como Alfred Hitchcock, Fritz Lang, Billy Wilder o Michael Curtiz. En los 60s y 70s, una generación de artista influídos por movimientos europeos como la Nouvelle Vague francesa y el Neorrealismo italiano dio origen al “Nuevo Hollywood”. En los 90s, Hollywood incorporó artistas chinos como John Woo, Jackie Chan, Jet Li y Yuen Wo Ping que revolucionaron el cine de acción. Y los últimos tres Oscars a mejor director fueron para cineastas mexicanos.

¿Y los actores? Podría escribir un post entero sobre la influencia de actores británicos en Hollywood. Sin ir más lejos, la película más taquillera de año pasado (Star Wars: El Despertar de la Fuerza) tiene como protagonistas a dos actores británicos y un guatemalteco. Y uno no puede tirar una piedra en un set de cualquier película de superhéroes sin pegarle a alguien con experiencia interpretando textos de Shakespeare.

Hollywood es como el Barcelona: tiene sede en Los Angeles, pero le pertenece a la cultura global, porque en algún punto lo hacemos entre todos.

Seguinos en Twitter

1 Comment on “Si odiás a Estados Unidos, ¿por qué mirás películas de Hollywood?”

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*