Reseña: Suicide Squad (2016)

A pesar de tener en su haber algunas de las mejores adaptaciones del género de superhéroes, DC/Warner Bros. cargan con el estigma de haber dormido y no haberse anticipado a la tendencia actual de construir universos interconectados (vamos, hasta Universal tiene planes con sus clásicos monstruos!). Por eso, en octubre de 2014, anunciaron su grilla de estrenos cinematográficos hasta 2020 con la idea de recuperar el terreno perdido y liberar en la pantalla grande todo el poder de sus personajes.

En ese contexto, siempre me sorprendió la elección de Suicide Squad como punta de lanza para esa avanzada fílmica (BvS ya había sido anunciada, por cierto). La apuesta era fuerte por donde se la mirase: personajes en su mayoría desconocidos por el público masivo, un director (David Ayer) que haría las veces de guionista (privilegio que ni el propio Nolan tuvo) y, para colmo, debía estar lista para su estreno en menos de dos años. Daba la impresión de que había en DC una ansiedad incontrolable por demostrar(se) que puede pisar fuerte y hacerse un lugar dentro de un género que, para este momento, se encuentra sobrepoblado.

Y pareciera ser que ese frenetismo y acelere únicos que debían tener durante la producción de la cinta se derramó al desarrollo de la historia en sí. Las escenas no fluyen, te explotan en la cara. Trama y personajes carecen de subtextos: son lo que ves en pantalla, y nada más. Los protagonistas de la historia no sugieren sus emociones, las enuncian de forma estridente y ampulosa. Es un film carente de sutilezas o medios tonos; los colores, la estética e, incluso, la música son llevados hasta el punto de la saturación sensorial. Y aún así… todo funciona. No me malinterpreten, no creo que sea perfecta. Tiene algunos problema pero, a lo largo de los 130 minutos que dura el film, el carisma de los actores y la química que demuestran en pantalla, sumado a algunas decisiones estéticas y autorales particulares, hacen de esta aventura un paseo emocionante y divertido.

La historia nos presenta a Amanda Waller, una funcionaria gubernamental con una agenda secreta: manipular al pentágono para que autorice y apruebe su proyecto de “Task Force X“, grupo paramilitar integrado por criminales obligados a enfrentar las misiones más peligrosas dada su condición de individuos “prescindibles”. Y, en mi opinión, es la propia Amanda, interpretada por la brillante Viola Davis, la verdadera villana del film. Es su ambición de poder lo que desata las fuerzas contra las que estos anti-héroes deberán batallar.

Si bien, en teoría, la idea es presentar al equipo y su dinámica interna como una suerte de familia sustituta para sus miembros, de entrada parece haber rangos de protagonismo y desarrollo de personajes. Todos la atención está puesta en Harley Quinn (Margot Robbie), Deadshot (Will Smith) y El Diablo (Jay Hernández) mientras que el desarrollo de Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje), Captain Boomerang (Jai Courtney) y, en menor medida, Katana (Karen Fukuhara) brilla por su ausencia. Resulta curiosa la forma que usa David Ayer para presentar a cada uno de los miembros del grupo, en donde se fusionan la estética y dinámica de los videos musicales y elementos característicos de los video juegos (no dejo de pensar que hay algo de Scott Pilgrim Vs. The World allí). Eso sí, estoy seguro de que el recurso en cuestión, sumado a la sobre exposición musical de temas de rock clásico será el pavor de más de un miembro de la audiencia pero, en mi opinión, funciona en la mayoría de los casos y, justo cuando el recurso parece agotarse, el propio Ayer decide darle un respiro.

Por último, para controlar al equipo y conducir la misión, tenemos a Rick Flagg (Joel Kinnaman), miembro de las fuerzas especiales estadounidenses. Todos están allí por obra y gracia de Waller, quien manipula cada una de las fibras de los miembros del escuadrón (incluso a Flagg) para que ejecuten lo que, en apariencia, se trata de un rescate, mientras un ente ancestral malévolo amenaza la ciudad.

Si tuviera que decir el sentimiento que subyace detrás de esta hermandad forzada entre estos inadaptados diría que es la falta de amor en sus vidas o, más específicamente, el haber tenido un ser amado que, por distintos motivos, perdieron. Deadshot sufre la ausencia del amor de su hija, El Diablo esconde un oscuro pasado familiar, Rick y su devoción por la atormentada June Moone/Enchantress (Cara Delevigne) y, obviamente, Harley y su vínculo enfermizo con el Joker. Y hablando del Joker, esta versión del payaso asesino (Interpretado por el ganador del Oscar Jared Leto) es, como la tradición nos demuestra, completamente distinta a las que vimos hasta ahora. En esta encarnación, se trata de un gangster/mafioso á la Tony Montana pero con muchos más químicos en su sangre. Su función en la trama es ser el elemento desestabilizador, su fijación por Harley lo llevará a intervenir constantemente en los planes del escuadrón con el fin de recuperar lo que, en su retorcida mente, le pertenece. La expectativa por ver a este personaje en pantalla fue mayor que el despliegue que Leto pudo darnos. Ojo, no creo que sea un “mal” Joker, pero estimo que la crítica que se le pueda hacer a su interpretación radica en la falta de presencia del personaje durante el film (“presencia” no equivale a “tiempo”, equivale a “mostrarnos algo interesante sobre el Joker”).

Y si hablamos del Joker, no podemos no mencionar la presencia de Batman. Ben Affleck, uno de los puntos fuertes de BvS, regresa para interpretar el rol del murciélago en unas apariciones que resultan ser cameos sobredimensionados (debido a la importancia inherente al personaje). Todas las secuencias del murciélago, y muchas en las que aparece el Joker, además, parecen ajenas a la película, puestas a presión en la historia. Estimo que esto tiene que ver con problemas de edición (una constante en el DCEU hasta ahora). Y creo que allí radica el gran desafío que DC debe enfrentar de ahora en más lograr refinar sus propuestas a nivel “trama” para dar un producto más cohesivo, que transmita la sensación de unidad y se aleje de esta tónica narrativa tan “ecléctica”.

Sim embargo, a pesar de este último detalle, debo reconocer que en esta fiesta de estridencias y saturaciones sensoriales DC parece encontrar la respuesta perfecta a la pasmosa solemnidad que atormentó a Batman V. Superman. Si BvS proponía detenernos a contemplar “momentos” admirando la grandilocuencia y estoicismo del universo DC, Suicide Squad prefiere invitarnos a un viaje en una montaña rusa, donde las emociones y la adrenalina estarán llevadas al extremo. El material sobre el que se trabaja para adaptar a estos personajes, obviamente, se presta para la descontractura e irreverencia. Les aseguro que el disfrute junto a estos freaks está garantizado. Y, a pesar de todas las contrariedades que tuvo (y tiene) que enfrentar esta producción, el resultado es altamente positivo y me deja expectante a lo que tanto este cast, así como el resto del universo DC, tiene para ofrecer en el futuro.

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