Reseña: Sing Street (2016)

Ser un adolescente irlandés a principios de los 80s era complicado y la música representaba, quizás, uno de los pocos, y más sanos, medios de escape de esa realidad. Durante ese período surgieron, por ejemplo, bandas como U2Cranberries o My Bloody Valentine que funcionan como testigos sonoros de ese caos generacional que vivía Irlanda. Ese contexto histórico- social resulta ideal para la nueva producción de John Carney, director y guionista de este film, cuyas historias siempre se han caracterizado por su impronta musical, como Once (2007) y Begin Again (2013). En este caso, Sing Street no es la excepción.

Sing Street cuenta la historia de Conor “Cosmo” Lalor, un adolescente que vive junto con sus padres y sus 2 hermanos en un suburbio de Dublin en 1985. Los 70s y los 80s fueron años malos para Irlanda, acosada por una gran crisis económica. La familia de Cosmo no es la excepción y sus padres luchan por mantener a flote no sólo la economía del hogar sino también su matrimonio (típica pareja católica que contrajo matrimonio de muy joven). Como forma de sobrellevar la situación, los padres de Conor le anuncian que deberá dejar su escuela privada para asistir a un colegio público católico llamado Synge Street CBS.

Tras el traumático cambio, Cosmo conoce a Raphina, una joven unos años mayor que él que suele pasar sus días holgazaneando frente a la escuela pero que aspira a mudarse a Londres para dedicarse al modelaje. Desde el momento en que se conocen, Conor queda enamorado. Y como cualquier adolescente que quiere impresionar a una chica hermosa, él decide conquistarla con su “talento” musical y le propone que sea la estrella del video que filmará con su banda de rock. El único problema? Conor no tiene una banda… ni si quiera tiene amigos. Por lo que deberá encontrar dentro de Synge Street CBS a aquellos compañeros con aptitudes musicales y formar el grupo al que llamaran, apropiadamente, Sing Street.

Con ojos de “crítico mordaz” podría decir que la progresión de la historia de aquí en más es trillada, casi predecible. Es una variación de la clásica historia de romance de secundaria, la cual incluirá la escena obligatoria de la banda tocando en un baile/fiesta del colegio. Pero la gracia de este tipo de historias no radica en el “qué” sino en el “cómo” y allí es dónde, creo, la película triunfa: problemas maritales, desamores, la incertidumbre de qué hacer con tu vida y hasta el deseo de progresar socialmente dentro de un contexto de crisis nacional son algunos de los temas del film. Además, como en cada cinta de Carney, tanto la calidad de la música original como la forma en que ésta es presentada es perfecta. La narración puede tomarse, entonces, como una tesis sobre los problemas, angustias y circunstancias que pudieron haber llevado a la explosión de la música irlandesa de la época.

El abordaje rocker presentado se da mediante una sucesión de números musicales que surgen de los temas compuestos por la banda. El hermano de Cosmo, Brendan, es su cómplice y mentor en su búsqueda por conquistar a Raphina. “El Rock n’ Roll es riesgoso: uno corre el riesgo de quedar en ridículo” afirma Brendan, quien trata de inculcarle el valor de componer sus propios temas enfrentando sus propias limitaciones y miedos. A través de esa educación musical, Conor aprende a componer temas donde explora gran variedad de estilos. Duran Duran, The Cure, entre otros, son parte de su educación y de la cinta.

Originalmente me llamó la atención la calidad musical desplegada por los personajes que protagonizan el film. Ver a chicos de 15 años (o menos) mostrar, como parte de la historia, aptitudes increíbles, con inventiva y una visión artística tan clara descoloca. Pero, según el propio Carney, su búsqueda al crear esta banda de ficción era que ésta tenía que verse como que estaba “hecha para triunfar”. De hecho, el mismísimo Bono ofició de consultor, ayudando a Carney a descifrar cómo elaboraría su obra una banda joven con destino al éxito. Escenas del joven Cosmo y su compañero creativo, Eamon, mientras componen resultan evocativas de momentos que, estimo, habrán tenido numerosas bandas irlandesas de éxito muy temprano, como U2 a principios de los 80’s o The Strypes hace algunos años.

La única crítica negativa que me surge, y que le impide a la película redondear una nota perfecta, es la disparidad del registro narrativo de la obra. Con esto me refiero a que, primero, el film se presenta dentro de un marco realista como un drama generacional con toques de comedia que muestra una historia de superación. Pero, a partir de la segunda mitad, el tono cambia y somos testigos de un relato de corte más onírico, en donde los personajes parecieran vivir una realidad idealizada. En ello, creo, hay una búsqueda de reflejar las emociones que solemos experimentar cuando somos adolescentes, nuestras fantasías y expectativas sobre las relaciones y el futuro. Lamentablemente, la mezcolanza no cierra por ningún lado y termina dañando un poco el mensaje final.

Las ambiciones artísticas de Carney con Sing Street no son tan grandes como las de Cosmo y su banda. En el fondo, creo que lo que el realizador busca, y que de hecho consigue, es poner la lupa sobre las miserias y frustraciones de una generación de jóvenes atrapada en una realidad inmanejable en su lucha por salir adelante. La especificidad del contexto político-social y su integración dentro de la historia, combinado con la universalidad de los conflictos emocionales de sus personajes (conseguir el amor de una chica, triunfar artísticamente), sumado a una gran producción musical resultan refrescantes en este mundo plagado de películas estruendosas, sin una visión clara u honesta sobre nuestra condición humana.

NOTA: Pueden escuchar la banda sonora de la película, que incluye todos los temas originales interpretados por Sing Street más clásicos de los 80s en este link. 

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