Reseña: La Leyenda de Tarzán (2016)

Algunos mitos o leyendas son atemporales, no importa cuándo o dónde siempre funcionarán como parábolas que nos ayudarán a transitar nuestra existencia. Otros, por el contrario, están tan arraigados a los usos y costumbres de la época en que fueron concebidos que resulta muy complicado pensarlos fuera de ese período. La Leyenda de Tarzán, del director David Yates (responsable de las últimas 4 películas de Harry Potter) está mucho más cerca de la segunda categoría que de la primera.

Creado en 1912 por Edgar Rice Burroughs, Tarzán es un personaje de novelas pulp, o sea publicaciones baratas, de aventuras, que buscan entretener. Sus historias, vistas con los ojos de hoy, tienen un alto tamiz racista, más producto del arraigo cultural de la época que de una ideología particular. Esas narraciones, adaptadas literalmente, no podrían funcionar jamás en este mundo plagado de tensiones raciales. A sabiendas del material con el que contaban, los realizadores ejecutan a lo largo del film una serie de artimañas torpemente concebidas para distanciar la trama de esos temas. Lamentablemente, esas maniobras fracasan: no sólo no consiguen cambiar el foco racial (es más, lo acentúan) sino que, además los recursos utilizados terminan por colapsar el espíritu de aventura épica que, en última instancia, debería buscar transmitir la cinta.

El mecanismo utilizado para “modernizar” el material es enmarcar la trama en un conflicto histórico real. Hacia finales del siglo XIX, el Rey Leopoldo II de Bélgica envía a León Rom (Christoph Waltz) a solucionar un conflicto con unos financistas a cargo de gestionar el dinero para que la corona belga necesita para garantizar la colonización del Congo. Sí, suena complicado, y esto es sólo el comienzo del plan! Rom se dirige a una región del Congo que está llena de diamantes de Opar y, de contar con éstos, todas las deudas del reino podrían ser saldadas. Por eso negocia un trato con Mbonga, líder de una tribu local que controla las minas de diamantes: ellos les darán las piedras preciosas a cambio de que Rom capture y les traiga a Tarzán, y así saldar una vieja deuda con el jefe tribal.

Pero Tarzán, dónde está? Bueno, él ahora lleva una vida burguesa en Londres e insiste en que se lo conozca por su nombre y título nobiliario: John Clayton III, Lord de Greystoke. A través de una manipulación política orquestada por Rom, Tarzán (Alexander Skarsgård) debe regresar al Congo. Junto a él viaja George Washington Williams (Samuel L. Jackson) que, al igual que Leon Rom, es otro personaje histórico real. El objetivo de Williams es probar que los congoleños son sometidos al esclavismo por parte de Rom. El grupo se completa con Jane Porter (Margot Robbie), quien está casada con Tarzán, vive en el castillo familiar de su esposo pero añora la vida en la jungla.

Al llegar al Congo, Jane  es secuestrada y utilizada como carnada para capturar a Tarzán. Resulta tedioso el tiempo que se toman para lanzar a los personajes a la aventura pero a partir de este punto la película despega!  Una vez que Skarsgård Jackson se ponen en marcha para rescatar a Jane, la cinta cambia de aire, la travesía por la jungla es vertiginosa y entretenida. Durante este periplo, Jackson salva el film con sus desopilantes intervenciones cómicas. Frente a la parca y adusta figura que le imprime Skarsgård a Tarzán, Jackson aporta grandes dosis de comedia, creando la clásica dinámica de “la pareja dispareja”.

En otro lado de la selva, Margot Robbie y Christoph Waltz se llevan la peor parte en cuanto al desarrollo de sus personajes. Es un suplicio ver a dos grandes actores languidecer en pantalla. Ella se esfuerza por no caer en el lugar de la “damisela en peligro” pero fracasa y su personaje termina siendo un cliché. Lo mismo ocurre con Waltz, quien además tiene sobre sus hombros la responsabilidad de recordarle a la audiencia constantemente todos los pormenores de su plan malévolo y la política financiera detrás de éste. El plan de Rom se revela aún más complicado y confuso, al involucrar bases militares y tendidos ferroviarios. Finalmente, el personaje queda reducido a un villano de caricatura.

Igual, no sé qué es peor, si la confusa runfla financiera-esclavista-militar que arma Rom o los flashbacks  a los que somos sometidos a lo largo de la historia y que buscan contarnos el origen de Tarzán. En cualquier caso, las consecuencias son las mismas: diálogos forzados y una trama ralentizada, dos pecados imperdonables en un historia de aventuras.

La frase de Christoph Waltz tras secuestrar a Jane es: “Él es Tarzán, tú eres Jane. Él vendrá por ti”. Y en ella parece marcarse la sencillez argumental que debería tener la trama. Pero la cinta no sabe qué quiere ser. Por un lado, tiene la herencia histórica del personaje, el ADN aventurero en pos del entretenimiento y cuando se conecta con esa fibra, la película rebosa de vida. Pero, por otro, está la decisión de los realizadores de abordar una temática “realista” que resulta muy confusa y les termina jugando en contra: no exploran el verdadero problema de la esclavitud y presentan a los congoleños tanto o más caricaturizados que lo que se puede leer en la obra original. Este debate interno que tiene La Leyenda de Tarzán queda en tablas y, como en cualquier empate, el único que pierde es el público.

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2 Comments on Reseña: La Leyenda de Tarzán (2016)

    • Hola! Gracias por el comentario! Te cuento, existen 2 sinónimos de película que conozca y que sean de uso habitual: “film” y “cinta”. La palabra “película” la usé 3 veces, “cinta” otras 3 y “film” 2. En una nota de 900 palabras, no lo siento tan trágico, sobre todo si están puestas intercaladas y no en el mismo párrafo. Saludos!

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