Reseña: El Libro de la Selva (2016)

Libro de la Selva

Si tengo que ser sincero, sólo fui a ver El Libro de la Selva porque me invitaron. Niko (productor del futuro podcast de Era Nuestro Planeta) conseguía entradas baratas, y había leído que era una película realmente revolucionaria desde lo tecnológico, así que acepté pese a que no soy el mayor fan de las adaptaciones filmadas de los clásicos animados de Disney.

Niko, estaré eternamente agradecido por la invitación. Sabelo.

El Libro de la Selva cumplió con mi expectativa: el clásico de Disney de 1967 (adaptado de un libro de Rudyard Kipling) interpretado por actores de carne y hueso (en rigor de verdad, uno solo) en un espectacular ambiente selvático realizado con la tecnología de efectos especiales de 2016. Pero lo que genuinamente me sorprendió y no esperaba es que la película me mantuvo pensando durante los 105 minutos de su duración, toda la cena y la sobremesa del sábado a la noche,y los días subsiguientes. El Libro de la Selva es una extravaganza de efectos especiales en la que todo (no sólo los animales, sino cada árbol, cada hoja, cada piedra, cada gota de agua) es animación digital salvo el pequeño Mowgli (Neel Sethi), pero a la vez es una obra extraordinariamente inteligente y plagada de ideas.

Si no viviste toda tu infancia abajo de una piedra conocés la historia: Mowgli, un niño criado por lobos en una selva de la India, debe regresar a la civilización para escapar de las garras (literales) del tigre Shere Khan, intepretado con maestría por Idris Elba. En el camino se cruza con diversos animales amigables y no tanto. La trama es algo episódica, pero no tanto como en la versión de 1967. La mayoría de las viñetas tienen algo que aportar para la trama mayor, salvo tal vez la aparición de Kaa, la pitón interpretada por Scarlett Johansson.

La película aprovecha su animación fotorealista para adoptar un tono mucho más reverente que el de la versión de 1967. En los 60s Disney atravesaba un período de ajuste financiero, y para optimizar costos utilizaba la técnica de “xerografía”, la tranferencia de los dibujos en lápiza a las celdas de animación utilizando fotocopiadoras en vez de entintado a mano. Con la tecnología de la época, daba un aspecto más sucio o áspero que el proceso manual, y eso se reflejó en el tono de las películas. Sin esos límites (¡prácticamente sin ningún límite!) el director Jon Favreau logra crear una obra con real profundidad dramática. Shere Khan no es un villano cómico: realmente infunde miedo. Louie (Christopher Walken), el rey de los monos, cantando “Quiero ser como tú” no es patético, es trágico. Cuando Mowgli y Bagheera (Ben Kingsley) hacen reverencias a los elefantes, realmente sentimos que son merecidas. El oso Baloo, interpretado por Bill Murray, agrega levedad a la película… salvo cuando se enoja.

La película no es perfecta. La escena de Kaa que mencioné antes es algo aburrida. Y el personaje del Rey Louie es problemático: creado para adaptación de Disney de los 60s, Louie es un orangután que canta jazz y le canta a Mowgli que quiere ser como él. Si tenemos en cuenta que históricamente se ha comparado a la comunidad negra con monos o simios para deshumanizarlos, que una película de 1967 (pleno conflicto por los derechos civiles de los afroamericanos en EEUU) tenga a un simio interpretando un género histórcamente negro y pidiendo igualdad (que, por ser un animal, jamás podrá lograr) es terriblemente insultante. En la versión de Favreau Louie es interpretado como un jefe mafioso por Christopher Walken (quién ya lo hiciera en, por ejemplo, True Romance). Por un lado, entiendo que Walken específicamente interpreta a a Louie como un italoamericano. Por el otro, no estoy convencido de que asociarlo con el crimen organizado sea la manera de rescatar a un personaje que más allá del acento de Walken, sigue siendo un simio jazzero cantando “Quiero ser como tú”. Y, en todo caso, ¿un mafioso con acento italiano no es también un estereotipo nocivo? En fin, por suerte ya no estamos en 1967.

Podrán acusarme de darle demasiadas vueltas al asunto, pero la verdad es que si le dediqué tanto pensamiento es porque como dije antes, El Libro de la Selva invita a pensar porque tiene mucho para decir. La película tiene mucho para decir sobre la identidad. Sobre el valor relativo del indivíduo y la comunidad a la que pertenece. Incluso tiene mucho para decir sobre la tecnología, lo que es especialmente interesante en una película tecnológicamente revolucionaria. Por momentos, parece que la película comentara sobre si misma.

El Libro de la Selva es una GRAN película. Esperemos que más directores aprovechen los mundos que se abren gracias a la animación digital fotorealista. Más selvas exuberantes y cachorritos de lobos, menos destrucción de ciudades digitales, por favor.

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  1. Prometeo en la Selva – ¡Era Nuestro Planeta!

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