Reseña: Cazafantasmas (2016)

A la hora de reseñar una película, uno trata de limitarse a discutir lo que está en la obra. A veces, sin embargo, es imposible. En el caso del remake/reboot de Cazafantasmas (Ghostbusters, 2016) es muy difícil separar la historia de la producción (y las reacciones públicas a la misma) del film propiamente dicho. Desde que la nueva encarnación del equipo de cazadores de espectros fue anunciado, algunos rincones de Internet no pararon de escupir odio. Primero por la reacción refleja ante cualquier remake, sobre todo de una cinta que es una “vaca sagrada” de los 80s para muchos. En segundo lugar, cuando se anunció que en vez de cuatro hombres, esta vez las protagonistas serían mujeres. Finalmente, a cada paso de la campaña de marketing de la película: desde los trailers (que batieron records de reacciones negativas en Youtube) hasta la publicación del nuevo tema musical de la película (que, francamente, es un desastre). Todo estaba listo para una tormenta perfecta de odio.

El problema es que, al final de cuentas, Cazafantasmas es una buena película. No es perfecta, no, pero es una de las comedias más graciosas que Hollywood haya lanzado al mercado en los últimos años. Y a la hora de evaluar una comedia, esa es definitivamente la vara con la que corresponde medir.

La historia, a grandes rasgos, tiene algunos puntos de contacto con su predecesora: Erin Gilbert, una profesora de física a punto de ser nombrada en una cátedra en la Universidad de Columbia (interpretada por Kristen Wiig), es contactada por un libro sobre fenómenos paranormales que escribió años atrás y que ahora considera bochornoso. Eso la llevará a encontrarse con su amiga de la infancia Abby Yates (Melissa McCarthy), coautora del libro, y su nueva colaboradora la ingeniera Jillian Holtzman (Kate McKinnon, que se roba la película). Juntas descubrirán pruebas de que los fantasmas efectivamente son una realidad, con lo que deciden armar una agencia de investigación de casos paranormales. Al trío científico se sumarán Patty Tolan (Leslie Jones), una trabajadora del metro de New York que aporta su conocimiento de la ciudad, y Kevin (Chris Hemsworth), un secretario ridículamente incompetente cuyo mayor mérito es su atractivo físico (funcionando a la vez como fanservice para la platea femenina y un comentario sobre la cosificación a la que son reducidos los personajes femeninos equivalentes).

Hasta aquí, no hay mayores problemas. La química entre los actores es perfecta, el director Paul Feig logra ampliamente su cometido de hacer reir al público. Y los fantasmas son genuinamente terroríficos: tienen un excelente diseño visual, y Feig logra usarlos efectivamente para lograr sustos. Sin embargo, la película encuentra algunas turbulencias en su segunda mitad, cuando se descubre el motivo del incremento de la actividad paranormal. PEQUEÑO SPOILER: el villano que está movilizando los fantasmas de New York es un ñoño resentido que literalmente vive en un sótano y odia a toda la humanidad. Y si bien esto funciona de manera excelente como metacomentario hacia quienes se pasaron años vomitando bilis hacia esta película aún antes de que comenzara a filmarse, como parte de la trama es un poco anticlimático. No digo que un villano nihilista no pueda funcionar (el Joker de Heath Ledger en The Dark Knight es un excelente ejemplo), pero el resentido que interpreta Neil Casey no tiene más profundidad que lo mencionado. Una lástima.

Otros detalles menores empañan levemente la película. Kevin, el secretario, llega a un nivel de idiotez TAN absurdo que rompe un poco la verosimilitud. Entiendo que es una comedia, pero estamos hablando algo que quedaría fuera de lugar en la New York caricaturezca que inventó Tina Fey para sus 30 Rock y Unbreakable Kimmy Schmidt. De hecho, 30 Rock tuvo una versión similar de este chiste (con Jon Hamm como el estúpido/lindo) pero mejor ejecutada. Otro detalle que molesta un poco es que la afroamericana Leslie Jones tenga el rol de la única no-científica del equipo, al igual que Ernie Hudson en la versión original. ¿Hace falta seguir alimentando estereotipos vetustos dándole los roles científicos a mujeres blancas y relegando al negra a “conocer la ciudad”? Sólo se salva por el nivel de ignorancia casi surrealista de Kevin.

Pero estos detalles no quitan que Cazafantasmas es, a fin de cuentas, una comedia ridículamente efectiva. Mal que les pese a quienes decidieron odiar esta película antes de su estreno, el remake del clásico de 1984 funciona, y es legítimamente una de las mayores (y mejores!) sorpresas de esta temporada de blockbusters.

Seguinos en Twitter

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*