Reseña: Batman: La Broma Mortal (2016)

Adaptar una obra (sobre todo una tenida en alta estima por su público, y sobre todo cuando ese público tiende a sacralizar los objetos de su devoción) siempre es una proposición complicada. Alejarse demasiado del material original puede hacer que se pierda de vista todo lo que tenía de interesante, pero a la vez seguirlo al pie de la letra es correr el riesgo de introducir problemas porque el nuevo medio sigue otras reglas.

Batman: La Broma Mortal, la adaptación del comic homónimo escrito por Alan Moore y dibujado por Brian Bolland es un caso extraño: erra hacia ambos lados a la vez. Dos tercios de la película son una adaptación extraordinariamente fiel del comic, al punto de usar los cuadritos originales como storyboard de la animación. La cuestión es que, como dije en mi nota de ayer, el comic tiene un agujero inmenso: Barbara Gordon (la hija del comisionado James Gordon y aliada de Batman bajo la identidad de Batgirl) es el personaje más transformado por la historia, pero no tiene el protagonismo que esa situación ameritaría.

Repasemos un poco la trama: La Broma Mortal cuenta una historia en la que el Joker trata de demostrar que él no es distinto de los demás, y que su consecuencia es sólo haber pasado “un mal día” (que vemos contado a través de flashbacks). Para ello, decide torturar salvajemente al Comisionado James Gordon, tratando de quebrarlo. Como parte de esa tortura el Joker le dispara a su hija Bárbara un tiro en el vientre, dejándola paralítica. Batman deberá entonces enfrentar al Joker para rescatar a su amigo y aliado antes de que pierda la cordura.

El problema, entonces, es que la historia más importante en la vida de Bárbara está contada sin el menor interés en su perspectiva: ¡de las cincuenta y tantas páginas del comic, la hija del comisionado Gordon aparece sólo en cuatro!. Su rol es meramente el de ser un instrumento para movilizar la trama, en vez de que esta se desarrolle según sus acciones, su voluntad, su subjetividad. Los autores de la versión animada parecen estar conscientes de que destruir la vida de Batgirl para convertirla en un instrumento narrativo es problemático, por lo que deciden darle un prólogo de media hora en que ella protagoniza… y que no encaja en absoluto con la trama del comic y el cuerpo principal de la película.

Los primeros 30 minutos del largometraje son como una mala parodia de un capítulo animado de Batman. Están narrados por la propia Bárbara (cuya narración desaparece al empezar la trama del comic original, donde ya no tiene nada que decir o hacer más que ser victimizada), que desobedece a Batman para enfrentar a un mafioso de medio pelo con rasgos psicopáticos que está obsesionado con ella (al punto de cogerse a una prostituta disfrazada de Batgirl… sí, eso pasa en esta película).En el medio de esta historia, Barbara comparte una escena de sexo con Batman (amigo de su padre, padre adoptivo de quien fuera su pareja más famosa en los comics, y su propio padre metafórico). Buen momento para recordar que el guionista de la adaptación es Brian Azzarello, otrora guionista del comic de Wonder Woman en el que se revela que las Amazonas suelen secuestrar barcos cargueros, violar y matar a los marineros, quedarse con las hijas que surgieran de esas violaciones, y entregar los hijos varones al dios Efesto a cambio de armas. Me pareció apropiado mencionarlo.

No sólo la trama no tiene la menor conexión con la del comic o los dos actos finales de la película, el estilo visual es rotundamente diferente. Sin el comic de Moore y Bolland anclando el estilo visual, el prólogo de La Broma Mortal pierde mucho de su estilo visual. La cámara (a cargo del director Sam Liu) no pierde oportunidad para posarse sobre el culo o las tetas de Batgirl cual adolescente pajero, aún fuera de la escena de sexo mencionada antes. Es más, casi podríamos decir que la verdadera perspectiva de estos 30 minutos es la del psicópata libidinoso que sirve de villano del segmento. Realmente es un tono que choca, sobre todo por lo adolescente del tono.

Hablando del tono, cuesta entender para quien es esta película. Si bien en su país de origen recibió la clasificación R (sólo para adultos), en Argentina está calificada como Sólo Apta para Mayores de 13 Años… pese a que probablemente sea más violenta y perturbadora que Batman v Superman, también estrenada este año. En algún punto es comprensible: las autoridades del INCAA probablemente no conciban darle una calificación superior a un dibujo animado de superhéroes, pese a que tenga escenas de sexo, sangre y torturas varias. Probablemente el público ideal para La Broma Mortal sea precisamente adolescentes que creen que están viendo una película madura, pese a que todavía no tienen la capacidad de admirar films de Lars von Trier o Park Chan Wook.

Fuera de las cuestiones inherentes a la adaptación, la película tiene sus altibajos. Las actuaciones de Kevin Conroy como Batman y Mark Hamill como el Joker son tan buenas como siempre. La animación no es genial, lo que adjudiqué a estar viendo una producción destinada al video hogareño en una pantalla de cine, pero escuché quejas al respecto de gente que la vio en sus pantallas hogareñas, así que tal vez esté siendo generoso.

En los casi 30 años desde la publicación original de La Broma Mortal, Alan Moore ha declarado públicamente que detesta este comic y que se arrepiente de haberlo escrito. Que fue excesivamente violento y melodramático y que no tiene ideas  (y, a la vez, que si lo compara con muchas novelas gráficas posteriores de Batman no tiene problema en considerarlo como una obra maestra). Creo que Moore se equivoca: La Broma Mortal tiene algunas ideas interesantes que merecen ser rescatadas. El problema a la hora de una adptación es que esas ideas ya fueron usadas en la pantalla por Christopher Nolan en The Dark Knight, la mejor película de Batman rodada hasta la fecha. Y la secuencia de origen del Joker fue utilizada por Tim Burton en Batman (1989). Una adaptación directa del comic después de esas dos películas no tiene el menor sentido, porque todo lo que el comic tenía para plantear ha sido usado por cineastas más capaces que Liu y Azzarello, descartando sus elementos más problemáticos.

Y a la larga, eso es lo que la condena: en 2016, La Broma Asesina no tiene nada nuevo para decir sobre sus personajes, sus filosofías o sus psiquis que no haya sido dicho antes y de mejor manera. Una lástima, y una mancha para el GRAN catálogo de adaptaciones animadas de Warner/DC Comics.

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