Por qué Pokémon Go le hace bien al mundo

Mi abuela detestaba a los Beatles. Decía que habían “escandalizaban a la juventud”. Mi otra abuela nunca le dejó leer historietas a mi papá, porque quería que leyera libros (cosa que jamás hizo, salvo manuales técnicos y textos de la facultad). Durante mi adolescencia, uno de mis profesores tenía miedo de que jugar juegos de rol (de mesa) me convirtiera en adorador de Satanás. Sobran ejemplos de “pánicos morales” desatados por las formas de entretenimientos más diversas. Pasó con el cine, con la literatura, las historietas, la televisión, el rock, y más recientemente los videojuegos.

En los últimos días asistimos a un pánico moral de este último conjunto: Pokémon Go. Mientras por un lado la aplicación se convirtió en el juego móvil más exitoso de la historia, los detractores no tardaron en hacer su aparición: Pokémon Go es el culpable de que la gente no lea, de idiotizar peatones, de la total y absoluta alienación de la sociedad. Nada mal, teniendo en cuenta que el juego no lleva ni una semana desde su lanzamiento en América Latina.

Me parece ridículo: ninguna opción de entretenimiento que no dañe a terceros tiene por qué justificarse. El ocio se justifica a si mismo. Aún así, tampoco está necesariamente mal pensar en el impacto social del entretenimiento que consumimos… y creo que en el caso de Pokémon Go el equilibrio es muy positivo. Estos son cinco puntos a favor de Pokémon Go que se me ocurrieron en la última semana:

1) Combate el sedentarismo

El sedentarismo no es un problema exclusivo del primero mundo: en la Argentina tenemos un índice de sedentarismo superior al 50%. Pokémon Go es un juego de mundo abierto en el que usamos nuestro propio cuerpo como control: no es un juego para quedarse sentado, sino que nos exige que vayamos al mundo exterior a cazar pokémones, capturar gimnasios o activar Pokeparadas. En caso de que nuestro objetivo sea incubar huevos de Pokémon, tenemos distancias fijas para recorrer, que van de los 2 a los 10 km.

Por supuesto, Pokémon Go no reemplaza a otras formas de ejercicio físico más intensas… pero no existe aplicación que pueda hacer eso. Alguien cuya mayor ambición en la vida sea desplomarse en frente de un televisor para jugar videojuegos jamás será un competidor de los Crossfit Games, pero tal vez pueda mejorar su nivel de actividad física dedicando algunas horas diarias a la cacería de monstruos virtuales.

2) Porque te ayuda a conocer tu barrio en profundidad

Una parte muy importante de Pokémon Go es localizar y visitar Poképaradas y Gimnasios. Estas son monumentos, edificios históricos, iglesias, hasta graffitis y murales, con los que se puede interactuar en el juego. En muchos casos, son lugares y detalles a los que no prestamos atención en el día a día, preocupados por nuestras obligaciones diarias. Sin embargo, al incluirlos en una actividad lúdica, es más probable que les prestemos atención nuevamente. Yo, por ejemplo, aprendí que un monumento al que jamás le había prestado atención en la Plaza Vicente López y Planes en Olivos representa al “Pilar de la Nación”. También descubrí por primera vez la sede del Automóvil Club de Vicente López (no, no es una estación de servicio del ACA)  y unos cuantos graffitis interesantes.

3) Porque te obliga a ir a lugares a los que tal vez no irías

Más allá de lo dicho arriba, si te quedás en tu barrio va a ser difícil que completes el Pokédex. Normalmente, cada zona geográfica sólo tiene un puñado de Pokemon que aparecen con frecuencia (en mi caso, además de los omnipresentes Pidgey y Rattatta, hay abundancia de Eevees, Venonats, y hasta es normal cruzarse con algún Pinsir). Hacer un par de kilómetros (léase: tomarse un tren o un colectivo) puede hacer que tu experiencia con el juego cambie muchísimo: en una zona comercial a 10 cuadras de mi casa, por ejemplo, abundan los Polywags, Staryus y Doduos, mientras que en la costa del Río de la Plata me aburrí de encontrar Paras y Goldeens.

Ir a barrios o lugares a los que tal vez no iríamos normalmente nos ayuda a abrir nuestra perspectiva. Paradójicamente, contra el relato que asocia a este juego con la enajenación total, Pokémon Go podría hacernos más perceptivos de lo que pasa a nuestro alrededor, en vez de quedarnos en los mismos tres o cuatro lugares donde pasamos la mayor parte de nuestras vidas.

4) Porque ayuda a reclamar las calles y empatizar con nuestros vecinos

Vivo en el conurbano bonaerense. “La calle” suele ser percibida como un ambiente hostil, peligroso, inhóspito. Nadie sale a la calle sin un buen motivo: uno está en la calle para ir a un lugar, y detenerse está mal visto y es motivo de sospecha.

Contra esta cultura de puertas cerradas, muchas veces se alzan voces diciendo que si todos saliéramos a la calle como hacían generaciones anteriores nadie tendría por qué tenerle miedo a los espacios públicos: nos conoceríamos más, y podríamos estar más atentos a cualquier peligro. Muchas veces estos reclamos toman la forma de “salgamos a tomar mate a la vereda”, pero siendo francos… si nuestros abuelos hubieran tenido una PS4 conectada a una TV de 42″ (o aunque sea una cuenta de Netflix) tampoco hubieran salido demasiado a tomar mate. Pokémon Go, en cambio, es una excelente excusa para reclamar las calles.

Normalmente el único motivo por el que hablo con mi vecino es cuando se queja de los ladridos de mi perro. Sin embargo, desde que comencé a jugar Pokemon Go, tuve muchas más interacciones con desconocidos. Ver otro jugador por la calle e intercambiar una mirada cómplice muchas veces puede llevar a una charla con intercambio de experiencias, consejos o anécdotas. Uno de mis mejores momentos jugando Pokemon Go fue ir a ver una Poképarada cebada (un día de semana a la noche, en un callejón oscuro al costado de las vías del tren) y encontrarme con una madre y su hijo, una pareja jóven, y un adolescente, y quedarnos todos juntos atrapando monstruos imaginarios y charlando al respecto. Contra la idea de que la tecnología “virtualiza” nuestras relaciones, Pokemon Go ayuda a forjar vínculos reales y ocupar el espacio público sin culpa.

5) Porque naturaliza el uso público de tecnologia

Soy fotógrafo aficionado. Me encanta sacar fotos en la calle, en parques, en eventos deportivos y culturales… me gusta documentar la realidad. Sin embargo, muchas veces la actitud hacia los fotógrafos es de hostilidad: demasiada gente asume que toda persona con una cámara es un delincuente o un terrorista recabando inteligencia… excepto que delincuentes y terroristas normalmente usan implementos bastante más letales que una cámara. Por otra parte, quien necesite una foto puramente descriptiva de una locación urbana ni siquiera tiene que tomarse el tiempo de tomarla: basta con mirar Google Street View.

Por eso me alegra que ahora haya miles de jugadores de Pokémon Go blandiendo celulares (con cámara, para la función de Realidad Aumentada). Con un poco de suerte, las hordas de jugadores que salen a fotografiar Pikachus harán que la paranoia hacia quienes usan cámaras o celulares en público disminuya un poco. Un celular no es un arma, y no deberíamos alarmarnos porque alguien anda por la calle con un dispositivo móvil.

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