¿Por qué los actores británicos dominan Hollywood?

Union Jack

Los actores de origen británico no son ninguna novedad en Hollywood. Charles Chaplin llegó a la industria cinematográfica estadounidense antes que el sonido. A mediados de siglo XX, Sir Laurence Olivier daba una pátina de distinción a una industria desesperada por reconocimiento artístico. En las últimas décadas nos acostumbramos a ver actores británicos permanentemente nominados a  (y frecuentemente ganadores de) Oscars de actuación, entre ellos Eddie Redmayne, Christian Bale, Benedict Cumberbatch, Kate Winslet y Daniel Day-Lewis.

Pero algo notorio es que aún en géneros menos prestigiosos, los actores británicos parecen estar acaparando la mayoría de los papeles. En algunos casos tiene sentido: la presencia de Sir Ian McKellen, Sir Christopher Lee (sí, hay más caballeros británicos en la historia de Hollywood que en la corte del Rey Arturo) o Martin Freeman en las películas de El Señor de los Anillos y El Hobbit no sorprende a nadie, porque se trata de adaptaciones de clásicos de la literatura inglesa. Lo mismo pasa con la saga de Harry Potter: lo raro sería lo contrario. La “galaxia muy muy lejana” de Star Wars también está superpoblada de ingleses y escoceses como Sir Alec Guinness, Ian McDiarmid, Ewan McGregor, Sir Christopher Lee o los recién llegados John Boyega y Daisy Ridley.

Pero lo realmente sorprendente es ver la absoluta dominación británica en el cine de superhéroes, un género estadounidense hasta la médula. Pese a que un concepto tan individualista como el de una persona con capacidades excepcionales que se disfraza para combatir el crimen es imposible de imaginar originándose en cualquier país que no sea Estados Unidos, hoy por hoy íconos como Batman (Christian Bale), Superman (Henry Cavill), Spider Man (Tom Holland) o Doctor Strange (Benedict Cumberbatch) son o fueron interpretados por actores nacidos del otro lado del océano. A veces, incluso, esta tendencia puede tener ribetes cómicos: en Deadpool (2016), Colossus le dice al protagonista que piensa llevarlo con el Profesor X. Deadpool contesta “Stewart o McAvoy”? Porque sí, los dos actores que interpretaron a Charles Xavier son británicos.

Superhéroes interpretados por actores británicosSi nos extendemos a personajes secundarios y villanos, podemos mencionar a Idris Elba (Heimdall en Thor), Tom Hiddleston (Loki en Thor y Los Vengadores), Sir Michael Caine (Alfred en la saga de Batman dirigida por Christopher Nolan, otro inglés) Tom Hardy (Bane, villano de Batman en El Caballero de la Noche Asciende), Magneto (Sir Ian McKellen) o Chiwetel Ejiofor, de próxima participación en Doctor Strange. Y Sir Kenneth Brannagh, pese a no actuar, dirigió la primera película de Thor.

Esta situación plantea un interrogante ¿Por qué logran los actores británicos dominar tanto las películas multipremiadas pero comercialmente pequeñas como las superproducciones multimillonarias?

La respuesta, en mi opinión, tiene más de 400 años: Shakespeare. La mayoría de los actores británicos tiene una formación dramática clásica. Están entrenados en teatro más que en medios audiovisuales, y Shakespeare sigue siendo una base fundamental de esa formación.

Tal vez a muchos les parezca lógico que esto se traduzca en grandes interpretaciones dramáticas, pero no necesariamente a los roles pochocleros. En mi opinión, Shakespeare es aún más fundamental para interpretar roles en películas fantásticas o de ciencia ficción.

William ShakespeareShakespeare escribió teatro alrededor del año 1600. En ese período, las obras teatrales estaban escritas y recitadas en verso (Shakespeare solía escribir en Pentámetro Yámbico). Y solía escribir grandes soliloquios. O sea: un actor inglés contemporáneo se entrena aprendiendo a recitar largos discursos en verso escritos con arcaísmos de los siglos XVI y XVII. Y chistes de pitos, porque Shakespeare increíblemente fue un gran predecesor de Kevin Smith en ese sentido.

Por ejemplo, este es un fragmento de Hamlet no adaptado.

HAMLET

O, that this too too solid flesh would melt
Thaw and resolve itself into a dew!
Or that the Everlasting had not fix’d
His canon ‘gainst self-slaughter! O God! God!
How weary, stale, flat and unprofitable,
Seem to me all the uses of this world!
Fie on’t! ah fie! ’tis an unweeded garden,
That grows to seed; things rank and gross in nature
Possess it merely. That it should come to this!
But two months dead: nay, not so much, not two:
So excellent a king; that was, to this,
Hyperion to a satyr; so loving to my mother
That he might not beteem the winds of heaven
Visit her face too roughly. Heaven and earth!
Must I remember? why, she would hang on him,
As if increase of appetite had grown
By what it fed on: and yet, within a month–
Let me not think on’t–Frailty, thy name is woman!–
A little month, or ere those shoes were old
With which she follow’d my poor father’s body,
Like Niobe, all tears:–why she, even she–
O, God! a beast, that wants discourse of reason,
Would have mourn’d longer–married with my uncle,
My father’s brother, but no more like my father
Than I to Hercules: within a month:
Ere yet the salt of most unrighteous tears
Had left the flushing in her galled eyes,
She married. O, most wicked speed, to post
With such dexterity to incestuous sheets!
It is not nor it cannot come to good:
But break, my heart; for I must hold my tongue.

Otro buen ejemplo es este avance de Enrique IV, obra devenida en capítulo de la serie británica The Hollow Crown, que mantiene los textos originales.

El problema es que las traducciones no le hacen justicia, en general no mantienen la rima ni las expresiones arcáicas. Para comparar, podemos leer teatro español de esa misma época. Por ejemplo, este fragmento del final de Fuenteovejuna (1613, un par de años antes de la muerte de Shakespeare) de Lope de Vega:

COMENDADOR:
¡Oh, mal haya el hombre loco,
que se desciñe la espada!
Que, de no espantar medroso
la caza, me la quité.
FRONDOSO:
Pues, pardiez, señor, si toco
la nuez, que os he de apiolar.
COMENDADOR:
Ya es ida. Infame, alevoso,
suelta la ballesta luego.
Suéltala, villano.
FRONDOSO:
¿Cómo?
Que me quitaréis la vida.
Y advertid que Amor es sordo,
y que no escucha palabras
el día que está en su trono.
COMENDADOR:
Pues, ¿la espalda ha de volver
un hombre tan valeroso
a un villano? Tira, infame,
tira, y guárdate; que rompo
las leyes de caballero.
FRONDOSO:
Eso, no. Yo me conformo
con mi estado, y, pues me es
guardar la vida forzoso,
con la ballesta me voy.
COMENDADOR:
¡Peligro extraño y notorio!
Mas yo tomaré venganza
del agravio y del estorbo.
¡Que no cerrara con él!
¡Vive el cielo, que me corro!

Como vemos, ni en Inglaterra ni en España a principios del siglo XVII se escribía teatro de una manera que hoy consideraríamos naturalista o coloquial. Esto tiene implicancias importantes para los actores de nuestros días que tienen que interpretar esos textos. En primer lugar, deben memorizar textos largos y obtusos, algo que un actor entrenado en televisión no necesita hacer (apenas necesita memorizar las líneas que se filmarán en la próxima toma). En segundo lugar, debe repetirlas de manera precisa, sin cambios ni improvisaciones (primero, porque a Shakespeare no se le hace eso, y además porque el próximo actor necesita saber cuál es su pié para hablar). En cine y TV es común que un actor modifique o pida reescrituras de líneas que no puede o quiere decir. Durante el rodaje de Star Wars Harrison Ford le dijo a George Lucas “George, podés tipear esta mierda, pero no podés decirla”… pero nadie manda a reescribir a Shakespeare. Y los actores deben lograr todo esto haciéndonos creer que son su personaje. Frente a un público que por lo general ya conoce la obra y sólo viene a ver la interpretación de un nuevo elenco y director. ¿Complicado, no?

Y por esto mismo es que creo que una formación dramática clasíca es ideal para actores en películas de fantasía y ciencia ficción: muchas veces, estos roles son tan poco naturalistas como los de Shakespeare. Imaginemos a un hechicero pronunciando la Profecía de Zaracatunga según la cual sólo el legítimo heredero a la corona del reino podrá sentarse sobre el Trono de Gargathrank, o un ingeniero en una nave espacial explicando que sin una reacción materia-antimateria es imposible arrancar el descombulador positrónico y así perforar la barrera del espacio-tiempo para viajar más rápido que la luz. Para un tipo con experiencia interpretando a Shakespeare, decir cosas así con una cara seria es casi natural

El Globe reconstruído hoy en día,
El Globe reconstruído hoy en día, foto de Grant Cherrington

De alguna manera, esto cierra un círculo. Normalmente asociamos a Shakespeare con la idea de “cultura elevada”, algo elitista, para pocos. Pero eso es consecuencia de los siglos que nos separan del dramaturgo: Shakespeare escribía obras populares y masivas, muchas veces basadas en obras anteriores (Hamlet es una de sus “remakes”, por ejemplo). Tampoco le eran ajenas la violencia (Tito Andrónico compite con Game of Thrones en ese sentido) y, como dijimos antes, los chistes de pitos (de verdad, algo así como la mitad de Romeo y Julieta es chistes de pitos).  El Globe, el teatro con el que más se lo asocia, tenía una capacidad aproximada de 3000 espectadores, e incluía una gran “popular” para espectadores de pie que no podían pagar las mejores ubicaciones.

Shakespeare, más allá de sus méritos literarios, era un artista popular. Por eso, si viviera hoy en día, seguramente escribiría películas de superhéroes. Indudablemente serían las películas de superhéroes más dramáticas y profundas, pero no por eso dejaría de recaudar cientos de millones de dólares en la taquilla. Y, obviamente, estarían protagonizadas por actores ingleses con entrenamiento teatral clásico, como debe ser.

 

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