No, Game of Thrones no se volvió blanda

daenerys targaryen

(NOTA: este artículo contiene spoilers para el cuarto capítulo de la sexta temporada de Game of Thrones. Quedan bajo aviso)

Cuando estás al norte de todo, sólo te queda una dirección para ir.

– Craster

Game of Thrones durante mucho tiempo funcionó como “pornografía de sufrimiento”. Podíamos confiar en que en cualquier momento algo terrible iba a suceder. Esta temporada pasa lo contrario: los capítulos parecen estar dándonos una cornucopia de eventos maravillosos. Jon Snow vuelve a la vida (y ejecuta a Alliser Thorne y Olly). Sansa se reencuentra con su hermano. Al final del último capítulo, todos los jinetes Dothraki se inclinan ante Daenerys. Para algunos, esto es señal de que “nos están dando todo lo que queremos”. Incluso leí que “parece una fanfic”. Otros le adjudican la ausencia de George R. R. Martin, tanto en su rol de guionista como la falta de un libro para adaptar.

Honestamente, me parece que están errándole muy feo. Las “buenas noticias” recientes de Game of Thrones no sólo son bienvenidas, son necesarias para que la serie funcione.

El sufrimiento innecesario no es drama. Que se apilen las desgracias sobre los protagonistas puede ser un recurso barato para sorprender, pero no es dramático. Es nihilista. ¿Y qué es dramático, entonces? Para Aristóteles, en su Poética, el drama es la peripecia: el cambio de fortuna del protagonista. O sea, si un protagonista está en una situación favorable, el paso a una desfavorable. O viceversa. El cambio de fortuna satisface dramáticamente por el contraste: sufrimos con un personaje que fracasa porque lo acompañamos antes en sus triunfos, y por el contrario nos alegramos con un personaje victorioso porque sabemos los costos que tuvo la victoria. La peripecia nos hace parte de la historia.

En la primer temporada de Game of Thrones, el cambio para la mayoría de los personajes fue de la dicha a la desdicha. Bran Stark, un niño absolutamente inocente, termina paralizado en el primer capítulo. Su padre, Ned Stark, el hombre más honorable de los Siete Reinos, es ejecutado injustamente. Su familia está disgregada. Y por varias temporadas más, este patrón seguirá intacto: los Stark restantes siguen perdidos o terminan muertos. Otros personajes siguen el mismo patrón: Tyrion Lannister demuestra ser un excelente gobernante, pero en vez de permitirle seguir con su obra primero le recortan poder, y luego termina condenado a muerte y exiliado. Daenerys Targaryen no logra salir de su empantanamiento en Meereen. Jon Snow, el único que entiende que la guerra contra los Caminantes Blancos sólo puede ganarse con una alianza con los salvajes, termina asesinado por sus propios hombres.

Y ahí entra en juego la frase de Craster con la que comienza este artículo: cuando se toca a un extremo, sólo queda una dirección a la que ir. Concluído el giro de Game of Thrones de la alegría al dolor, ahora la rueda sólo puede girar en la dirección contraria.

Así como la semana pasada muchos personajes volvieron a situaciones de las primeras temporadas, en el capítulo de ayer hicieron una versión acelerada de sus arcos dramáticos. El de Daenerys es el más claro: pasó de ser la cautiva de los Dothraki a ser una Khaleesi más poderosa de lo que jamás fue haciendo lo mismo que al final de la primer temporada, salir de las llamas triunfalmente. Pero esto también se da en otros casos: Brienne llega a finalmente cumplir su promesa a Catelyn Stark, llevando a una de sus hijas a un lugar de relativa seguridad. Cersei recupera terreno político y vuelve al consejo chico y a la conciencia de Tommen, lo que indudablemente traerá consecuencias desastrosas de la manera que sólo Cersei puede lograr. Tyrion logra (por ahora) acallar las voces que piden guerra en Mereen.

En el Valle, Petyr Baelish finalmente empieza a usar los músculos políticos que lleva cinco temporadas desarrollando: los caballeros de Valle marcharán a la guerra contra los Bolton, asegurándole a Littlefinger el control de una tercer región de Westeros (además del Valle, Petyr es técnicamente el señor de la Tierra de los Ríos, sólo que jamás parece haber ejercido un acto de gobierno ahí). En las Islas de Hierro, Theon llega para apoyar a su hermana a suceder a su padre en el trono. Y en el Muro, Jon Snow decide marchar al sur con su ejército de salvajes para confrontar a Ramsay Bolton. “El amor es la muerte del deber” le dijo el Maestre Aemon la última vez que Jon intentó huir al sur para sumarse al conflicto de su familia, y el tiempo le da la razón: el amor por sus hermanos hace que Jon abandone la Guardia, aunque en sentido estricto tiene razón en que sus votos sólo lo obligan hasta su muerte… que ya sucedió.

De nuevo, aunque rara vez Game of Thrones nos da buenas noticias, esta seguidilla de victorias para los protagonistas de ninguna manera significa que la historia se ablandó. Sólo significa que cambió de dirección hacia la resolución. ¿Significa esto que nunca más habrá reveses sorprendentes? Para nada, seguramente correrá mucha sangre en las temporadas restantes. La victoria final (y estoy seguro de que el final será algún tipo de vicotria, porque frente a los Caminantes Blancos la única alternativa es que literalmente TODOS MUERAN) tendrá costos. Pero es fundamental recordar eso: la desdicha original es una manera de valorar los eventuales logros, no sufrimiento vacío por el mero “placer” de sufrir.

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