Luke Cage: ¿Mancha negra para Marvel?

La alianza Marvel/Netflix me tiene mal acostumbrado. Desde que Daredevil me voló la cabeza hace un año y medio, este rincón del Universo Cinematográfico Marvel se convirtió en uno de mis preferidos. Las dos temporadas de Daredevil y la (por ahora) única de Jessica Jones demostraron que en el Universo Marvel hay vida más allá de las invasiones extraterrestres y las conspiraciones de Hydra.

Luke Cage, en cambio, me resultó una decepción. Ojo, parte de esto puede ser que la vara estaba muy alta gracias a sus dos predecesoras, pero indudablemente esta serie me parece la menor de las tres.

Cage tuvo su debut televisivo en Jessica Jones, donde el forzudo de piel indestructible fue el interés romántico de la protagonista. Ahora en su propia serie, Luke Cage intenta rearmar su vida en Harlem, el epicentro de la cultura afroamericana en New York.

Luke Cage tuvo su origen en los comics de los 70s. Fue creado para capitalizar el éxito del “blaxploitation”, películas de acción de bajo presupuesto creadas para públicos negros y urbanos, generalmente protagonizadas por justicieros y vengadores independientes. Y de eso se trata precisamente la serie: Luke Cage limpiando Harlem de sus elementos más indeseables a puño limpio.

Luke Cage es visual y musicalmente una gran producción. Hay muchas más escenas diurnas que en Daredevil o Jessica Jones. Hay más colores. Hay más luz. Agradezco eso: no por estar en una ambientación urbana tenemos que ver siempre la misma iluminación en clave baja muy virada digitalmente al amarillo. La banda de sonido tiene appeal retro: la abundancia de soul y funk hace que nos sintamos transportados a la década del ’70. El Harlem del MCU parece no haber terminado de descubrir el hip hop. Pura apreciación personal: lo prefiero, pero entiendo que es una cuestión de gusto, y entiendo que tal vez a algunos pueda molestarles.

El problema principal de esta serie es (como suele suceder), el guión. Hace agua por todos lados. El ritmo es lento, los personajes secundarios son mayormente olvidables. Los villanos están lejos de Kingpin o Killgrave, son apenas mafiosos de poca monta que se quedan a media vuelta de tuerca de ser interesantes. Por otra parte, la trama está llena de inconsistencias. Pasé media serie pensando por qué Jessica Jones no apareció en ningún momento a buscar a Luke (que sale regularmente en los noticieros televisivos y está a apenas un viaje en subte de Hell’s Kitchen), o por qué en ningún momento apareció Matt Murdock a ofrecerle a Luke los servicios de su estudio jurídico (de verdad, Luke es la clase de cliente que Murdock desesperaría por tener).

El resultado de esto es una serie que visceralmente se queda lejos de las mejores entradas de este sub-universo: no es ni tan adictiva ni tan impactante como los otras series de Marvel/Netflix. Sobre todo, se nota mucho que los trece capítulos les quedaron grandes. Faltan “casos del día” para mechar con la trama mayor, como pasa frecuentemente en Daredevil.

En términos generales, se nota una falta de imaginación. Todas las peleas se resuelven igual: mafiosos le disparan inútilmente a Luke, que se acerca a paso lento pero decidido, y los revolea por los aires y/o les retuerce las armas. SIEMPRE. Llega un punto en que se pone repetitivo, sobre todo en contraste con la imaginación visual en despliegue en las peleas de Daredevil o Punisher. Para rematar el problema, la solución que encuentran los guionistas para amenazar a su protagonista es algo tan poco original como darle una “kriptonita” a los enemigos de Luke… efectivamente nivelando el tablero otra vez. Tranquilamente se podría haber construido un mejor drama sin usar soluciones que ya aburrieron cuando las usaron con Superman en los 60s. Sin ir más lejos, un buen ejemplo es Batman, quien es físicamente MUY superior al Joker: la tensión no está en si Batman podrá vencer a su mayor enemigo (siempre lo hace), sino en si podrá lograrlo evitando víctimas civiles (casi nunca).

Otro grave déficit de Luke Cage son las actuaciones. Mike Colter es creíble y querible, pero definitivamente le falta para llegar al nivel de los otros protagonistas. Y muchos personajes secundarios hacen agua. La interpretación de Cottonmouth de Mahershala Ali es lo más parecido a un gran papel secundario, pero está limitado por el guión (no importa cuantas vueltas le demos, es un mafioso de poca monta y sin la profundidad de un Kingpin, por ejemplo). Y Diamondback, el otro villano de la serie, sufre por una interpretación rayana con lo risible a cargo de Erik LaRay Harvey. Rosario Dawson interpreta nuevamente a Claire Temple, el personaje que une a todos los superhéroes de Marvel/Netflix, y por suerte es tan buena como siempre (aunque no puedo dejar de pensar que cada vez que se cruza con uno de estos héroes su vida se va arruinando progresivamente).

Por supuesto, más allá de los méritos artísticos de la serie, es imposible no analizarla en algún punto desde un tamiz político. A la luz de movimientos como Black Lives Matter, que protesta la muerte de jóvenes negros en incidentes de gatillo fácil en Estados Unidos, la idea de un héroe negro enfundado en un buzo con capucha (prenda icónica de BLM) cuyo principal poder es ser invulnerable a las balas sólo puede ser analizada políticamente. El problema es que a mi juicio la metáfora no está del todo bien lograda. Ojo, admito que soy tal vez el menos indicado para comentar esto (al fin y al cabo, soy blanco, rubio, de clase media y vivo a medio planeta de distancia de Harlem), pero no puedo dejar de pensar que la serie trata a la violencia institucional contra los jóvenes negros como incidentes aislados, en vez de ser un problema sistémico. El mayor caso de violencia institucional que vemos es la tortura de un adolescente… ¡a manos de un policía negro! En Luke Cage, cuando la policía es violenta es un caso desafortunado, mientras que en la vida real parece que siempre se equivoca para el mismo lado.

En resumen: ¿Es Luke Cage una mala serie? No, pero está lejos del olimpo de Daredevil y Jessica Jones. Aspira a ser una historia socialmente relevante, y no lo alcanza. Al mismo tiempo, se toma a si misma demasiado en serio para ser entretenimiento pasatista (al estilo de las series de superhéroes de CW, como Arrow o Flash).

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