“El Hombre Quebrado” y el ciclo de la violencia

El Hombre Quebrado

(Por si no es obvio, el artículo que sigue tiene spoilers de “El Hombre Quebrado”, séptimo episodio de la sexta temporada de Game of Thrones)

Algunos de los mejores episodios de Game of Thrones son aquellos en los que aprovecha su enorme elenco para analizar un tema o una idea desde las diferentes perspectivas de sus diversos personajes. “El Hombre Quebrado”, séptimo capítulo de la sexta temporada, es uno de estos. Y no elige cualquier tema: toca tal vez el punto más central de la serie.

Desde hace un tiempo (por lo menos desde que vimos al ejército de los muertos marchar al final de la segunda temporada, pero podríamos argumentar que incluso desde el prólogo del piloto), la idea central de GOT es “la humanidad se consume en un eterno ciclo de venganza mientras los muertos los amenazan con destruirlos a todos”. En el episodio de anoche, el tema del ciclo de la violencia como fuente de la tragedia humana es central y explícito.

El capítulo comienza con un prólogo antes de los créditos. La escena es pastoral, casi idílica, alg o pocas veces visto en esta serie. Un grupo de feligreses está construyendo un septo. Y uno de esos feligreses es nada menos que Sandor Clegane, El Perro. Quienes leímos los libros sabíamos que esto podía pasar (está bastante implícito, pero la serie tiene la costumbre de explicitar detalles que en los libros tienen cierta ambiguedad), pero no deja de ser llamativo que esta temporada podría tranquilamente terminar con un saldo positivo en la lista de personajes principales (?). Un indicio más para sumar a mi predicción de la semana pasada.

Nos enteramos de que el septón que encontró al Perro lo rescató y curó. En una conversacion entre ellos, el septón le pregunta a Clegane qué lo mantuvo con vida. “El Odio” contesta el guerrero. Primer indicio del tema del episodio, que se repetirá pronto en una escena en el norte: “Recuerdas el campamento de Mance? Se extendía hasta el horizonte. Y mírennos ahora. Miren qué queda de nosotros. Y si perdemos esto… se acabó. Decenas de tribus, cientas de generaciones, como sin nunca hubiéramos existido.” El salvaje que discute con Tormund y Jon Snow está relatando la tragedia de Westeros. Los salvajes son los primeros en sufrirla: su poder se estrelló contra el Muro debilitándose a si mismos y a la Guardia, en vez de unir fuerzas contra el Ejército de los muertos.

En la capital sigue la disputa entre los Lannister y Tyrell y la Fe de los Siete. Margaery revela que el título del episodio no se aplica a ella: debajo de su fachada de sumisión, sigue fiel a su casa. La quebrada es Cersei. Olenna Tyrell, la Reina de las Espinas, la confronta: “Nuestras casas ancestrales se enfrentan al colapso por tu y tu estupidez.” Cersei, en su respuesta, parece comprender la tesis del episodio: “Traje un ejército de fanáticos a nuestra puerta, y ahora debemos combatirlos juntas. Nos necesitamos”. Sin embargo, es demasiado tarde para recomponer la alianza.

De nuevo en el Norte, es Davos Seaworth quien mejor explicita la idea central del episodio. Buscando el apoyo de la Casa Mormont (liderada por Lyanna, nieta del Lord Commander Jeor Mormont y sobrina de Ser Jorah), Davos explica la situación de la manera más clara: “Jeor Mormont y Jon Snow entendieron que la verdadera guerra no es entre casas en disputa, sino entre los vivos y los muertos. (…) Divididos no tenemos oportunidad ante el Rey de la Noche”.

En las Tierras de los Ríos, Jaime Lannister releva a los Frey en el asedio a Riverrun, morada ancestral de la casa Tully, donde resiste Brynden el Pez Negro, tío de Catelyn Stark. Jaime amenaza a Brynden: puede rendirse y garantizar la vida de sus soldados, o esperar un asalto en el que morirán cientos. Brynden es tajante: “Mientras viva, la guerra no habrá terminado”. De nuevo, el honor individual es privilegiado por encima de la vida, siguiendo el sangrado de Westeros.

El capítulo cierra otra vez con el Perro y el Septón. Discuten sobre el ciclo de violencia interminable de Westeros. “La violencia es una enfermedad. No se cura rociándola sobre más gente.” argumenta el septón.
“Tampoco muriendo”, contesta Clegane. La discusión se salda en los hechos: el Perro regresa al campamento y ve que la Hermandad sin Estandartes mató a todos, incluyendo al Septón. Así como el sacerdote vivió su argumento hasta las últimas consecuencias, Sandor Clegane hace lo propio: en el último plano del episodio, tomando las armas para buscar su venganza, perpetuando el ciclo trágico de violencia. No voy a cansarme de repetirlo: que esta temporada haya tenido más regresos de la muerte que asesinatos de alto perfil no significa que la serie sea blanda.

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