Dr Strange, Primer Superhéroe Borgeano

“Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuímos que nada es real”

Jorge Luis Borges, El Inmortal

Dr. Strange es tal vez la película de superhéroes de menor perfil de 2016. No generó la expectativa de grandes eventos como Civil War o Batman v. Superman ni despertó la curiosidad de proyectos como Deadpool o Suicide Squad. Y si bien su recepción fue mayormente positiva, no parece haber despertado el entusiasmo de proyectos como Guardianes de la Galaxia.

Siento que el mundo se está perdiendo una dimensión (cuac) de esta película. Porque mi primer observación sobre Dr. Strange, aún antes de ver la segunda escena post-créditos, fue “esta es la primer película de super héroes borgeana”.

borgesAsí como otros leyeron en el origen de Stephen Strange referencias a la arquitectura imposible de M.C. Escher o a la psicodelia de los 60s (al fin y al cabo, Stan Lee tiene su cameo leyendo “Las Puertas de la Percepción” de Aldous Huxley), yo vi una serie de ilustraciones de conceptos muy presentes en la literatura de Jorge Luis Borges. Donde quiera que miremos abundan las referencias a espejos, al tiempo, a la eternidad, y, por supuesto, toda la película está plagada de laberintos, el motivo visual preferido del gran autor argentino.

Hasta podría argumentarse que la propia forma del film es en algún punto semejante a un cuento de Borges. Una de las críticas recurrentes a Dr. Strange es que su estructura es remanida: sigue muy de cerca a otras historias de origen de Marvel, en particular la primer Iron Man (los más audaces dirán que su referencia es Green Lantern... pero ¿acaso Green Lantern no fue Warner Bros. tratando de apropiarse de la fórmula de Iron Man?). Sin embargo, una lectura borgeana de la película convierte a esto en un punto trivial: ¿Quién lee los cuentos de Borges por la trama? ¿Cuál es el conflicto principal de El Aleph? ¿Cuáles son los giros argumentales de El Libro de Arena? ¿A quien le importa la trama de El Inmortal, que se resuelve de una manera absolutamente azarosa? Los mejores cuentos de Borges tienen tramas absolutamente simples, siendo antes que nada excusas para explorar ideas fantásticas. Con Dr. Strange pasa lo mismo: la trama no es el foco de la película, sino una excusa para explorar los mundos imposibles de las artes místicas.

En fin, cómo a veces mi búsqueda estética va más allá de hacer comics ilustradas con fotos de muñecos de superhéroes comprados en el Once, voy a analizar algunas de las referencias borgeanas más claras que encontré en Dr. Strange. Por supuesto, toda la discusión está plagada de spoilers, así que si no viste la película no sigas leyendo (y andá a verla ya, idealmente en 3D, y si podés en IMAX aún mejor).

Laberintos

Ciudad doblada Dr Strange

“Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin”

Jorge Luis Borges, El Inmortal

Es imposible no empezar por este punto: los laberintos son tal vez la mayor fascinación de Borges. Muchos de sus cuentos tocan sobre la idea del laberinto, que puede tomar las formas más diversas.

En Dr. Strange, los laberintos son omnipresentes: si algo perdurará en la memoria colectiva sobre esta película son las imágenes de ciudades plegándose sobre si mismas, con hechiceros corriendo sobre las paredes ayudados por gravedad subjetiva. Sobre todo en la batalla de New York, a mitad del film, la urbe plegada configura una estructura de obstáculos para los héroes que es imposible no interpretar como un laberinto en tres dimensiones.

El Aleph

El Aleph

“Un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos”

Jorge Luis Borges, El Aleph

En el Sanctum de New York, Strange se encuentra con una serie de ventanas. Cada una muestra un paisaje distinto. Lo que es más, el paisaje de destino de esas ventanas puede ser controlado por Strange (u otros): el Sanctum de New York funciona como un observatorio del mundo entero.

Esta idea fue explorada por Borges hace más de medio siglo, sólo que en lugar de ubicar ese observatorio en Greenwich Village lo puso en un sótano de la calle Garay en Buenos Aires, y lo llamó El Aleph, en su cuento homónimo. Lo describe así:

“El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo”

En el cuento, un escritor lo usa para redactar un poema que describe el mundo entero. En Dr. Strange, el protagonista usa el portal para enviar a sus enemigos a parajes recónditos. Pero indudablemente hay un ADN común.

Espejos

“Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres”

Jorge Luis Borges, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

En Dr. Strange, la mayoría de las peleas entre magos se producen dentro de la “dimensión espejo”, que permite ver el mundo real pero no afectarlo. Justamente los espejos eran una de las grandes obsesiones de Borges. A veces sólo está presente el reflejo en formas de dobles del propio Borges (en cuentros como El Otro o Borges y Yo), pero en general están de la forma más literal posible.

Borges menciona en diversas de sus obras el miedo que le tenía a los espejos, en parte porque planteaban el interrogante: ¿qué lado del espejo es el real, y cuál es el reflejo? ¿somos nosotros los reales, o meramente somos el reflejo inerte de otra cosa? En Dr. Strange, los horrores de la dimensión espejo funcionan de una manera parecida: por un lado son “menos reales” por ser imperceptibles para los seres humanos, pero al mismo tiempo son absolutamente reales para quienes están ahí atrapados.

El Tiempo y la eternidad

Dormammu

“El tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica; la eternidad, un juego o una fatigada esperanza.”

Jorge Luis Borges, Historia de la Eternidad

Para terminar este breve (sí, breve) repaso por las referencias borgeanas en la última película de Marvel, dos conceptos que son centrales tanto a Dr. Strange como a Borges: el tiempo y la eternidad. Borges estaba obsesionado por la idea del tiempo, al punto que los relojes de arena son uno de sus motivos visuales más recurrentes (como los tigres, los espejos y sí, los laberintos). La eternidad, por su parte, es tema del ensayo citado justo antes de este párrafo, y uno de sus mejores cuentos se titula “El Inmortal”

En Dr. Strange, tiempo y eternidad son un par antagónico que dinamiza la trama de la película. Por un lado, el villano: Kaecilius roba un ritual de la biblioteca de la Ancestral que le permitiría hacerse inmortal tomando energía de la Dimensión Oscura de Dormammu. La Ancestral, que conoce los efectos de ese ritual, lo primero que le dice es “No te traerá nada más que desdicha”. Un sentimiento que parece tomado de las páginas de El Inmortal, en las que el protagonista recuerda: “En Roma conversé con filósofos que sintieron que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes”.

Pero más allá de esa cita puntual, todo el desarrollo de El Inmortal pareciera ser una crítica a la idea de la vida eterna: cuando el protagonista encuentra a los habitantes de la Ciudad de los Inmortales, estos se han convertido en una tribu barbárica. Incluso Homero, autor de la Ilíada y la Odisea y habitante de la ciudad, parece haber perdido todo interés en la palabra. Así como el objetivo del protagonista en la primer mitad del cuento es ganar la vida eterna, en la segunda mitad busca perderla.

Sobre la ciudad de los inmortales, sabemos que es la segunda, porque estos destruyeron la primera, y “Con las reliquias de su ruina erigieron, en el mismo lugar, la desatinada ciudad que yo recorrí: suerte de parodia o reverso y también templo de los dioses irracionales que manejan al mundo y de los que nada sabemos, salvo que no se parecen al hombre”.

Precisamente algo así es el plan final de Kaecilius: llevar a toda la tierra a la Dimensión Oscura de Dormammu, un perfecto ejemplo los “dioses irracionales que manejan al mundo” que definitivamente no se parece a un ser humano. En la Dimensión Oscura no hay tiempo, por lo que Kaecilius promete vida eterna para toda la humanidad.

Pero la negación del tiempo es, también, la negación de la libertad: el tiempo es la unidad de medida de la libertad humana. ¿Y cuál es el arma de Stephen Strange para luchar contra esta amenaza? Nada menos que el Ojo de Agamotto, que en su versión fílmica no es otra cosa que la Gema del Tiempo, una de las Piedras del Infinito. El tiempo mismo es el arma del campeón del bien para luchar contra la eternidad.

El plan final del Dr. Strange para atrapar a Dormammu es extraordinariamente ingenioso: un bucle temporal del que Dormammu sólo puede escapar accediendo a negociar con Strange. Dentro de ese bucle, hay infinitas acciones que el “dios irracional” puede tomar, pero sólo una salida.

En otras palabras, un laberinto. No físico: un laberinto de tiempo. Por supuesto, un autor obsesionado tanto con el tiempo como con los laberintos necesariamente ya habría jugado con este concepto, y Borges lo hizo en El Jardín de los Senderos que se Bifurcan.

Sin dar demasiados detalles de la trama (porque como dije arriba, en los cuentos de Borges casi siempre es accesoria), el cuento describe la creación de T’Sui Pên, un político chino que se retiró para escribir una novela y construir un laberinto. La novela es descrita de esta manera por el protagonista, descendiente del autor: “El libro es un acervo indeciso de borradores contradictorios. En el tercer capítulo muere el héroe, en el cuarto está vivo.” Otro personaje, estudioso de la obra de T’sui Pên, acota que la novela y el laberinto son la misma cosa: “Un laberinto de símbolos, un laberinto de tiempo”. Su explicación se basa en la leyenda de que T’sui Pên  se había propuesto construir un laberinto que fuera estrictamente infinito, y que su autor la describió como “un jardín de senderos que se bifurcan”:

Casi en el acto comprendí; el jardín de senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de una bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La relectura general de la obra confirmó esta teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable T’Sui Pên, opta -simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela.

¿Estamos tan lejos del bucle temporal con el que Strange somete a Dormammu? En el devenir normal del tiempo (y no sólo en las ficciones) toda decisión que tomamos conlleva una o varias decisiones no tomadas, necesariamente. No puedo tomar un café y a la vez no haberlo tomado, por ejemplo. Pero en el bucle de Strange todas las decisiones de Dormammu coexisten: puede matar infinitas veces a Strange, de mil maneras diferentes, y a la vez su captor sigue vivo por la magia del Ojo de Agamotto. Como buen laberinto, el de Strange tiene sólo una salida. Todas las demás salidas aparentes confluyen en un regreso al inicio.

Esto se hizo largo, pero al mismo tiempo siento que es escasísimo: apenas toqué un par de los cuentos más importantes de Borges, y siento que podría encontrar muchísimas más referencias. Será una tarea para el futuro. Por lo pronto, me conformo con lo que tengo: un ensayo de 2000 palabras demostrando que la película del Hechicero Supremo no es “más de lo mismo” ni “puro espectáculo visual”. Meramente hacía falta un presupuesto hollywoodense para hacer visible la imaginación de un autor ciego.

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