¡Aguanten los remakes!

Uno de los temas más importantes del último fin de semana en el mundo del cine fue la controversia alrededor del remake/reboot de Cazafantasmas. Ni bien publiqué la reseña que escribí para Era Nuestro Planeta, recibí insultos de todo tipo: gente que no había visto la película discutiendo mi opinión (vaya uno a comprender la lógica), otros vociferando epítetos machistas, incluso algunos haciendo la risible acusación de que cobré un soborno por escribir mi reseña moderadamente positiva.

Pero no se trató de un fenómeno acotado a nuestra reseña. En distintos lugares se vieron ataques hacia las actrices de la nueva versión de Ghostbusters por su condición de mujeres, por la raza de Leslie Jones, por la sexualidad de Kate McKinnon o por el peso de Melissa McCarthy (Kristen Wiig puede descansar tranquila: sólo le sobra un cromosoma X). Jones llegó a abandonar Twitter por la cantidad de insultos recibidos.

Por supuesto, no todos los que se sumaron a la marea de críticas fueron tan abiertamente forros como los peores casos. Muchos sencillamente justificaron su odio hacia la película porque “es un remake”, y “los clásicos no se tocan”. Podría tildarlos de hipócritas por no ser igualmente agresivos hacia otras remakes como las próximas Ben Hur o Los Siete Magníficos, (o las relativamente recientes Robocop o Total Recall de hace un par de años, si estamos hablando de películas casi contemporáneas de la Cazafantasmas original), pero me parece que sería perder de vista algo más importante: no hay nada inherentemente malo con hacer un remake o reboot de una película.

En el último programa de Era Nuestro Planeta le dedicamos un bloque entero a esta idea, pero me parece que hacía falta un pequeño resumen de algunas de las ideas que tocamos con Niko y la Dra. Yam. Así que acá van los cuatro motivos por los cuales los remakes no son el fin del mundo, sino una herramienta normal y necesaria del mundo del cine:

1) Un remake es sólo otro tipo de adaptación

adaptation-still-1Hollywood vive de adaptaciones. Muchísimas historias del cine son resultados de adaptar otras historias para crear una trama para la gran pantalla. Las fuentes son incontables: novelas (El Padrino, Piscosis, Tiburón), obras de teatro (Casablanca, Closer, y, si miramos con cariño, El Rey León), comics (¿hace falta mencionar?), videojuegos (yo quería que Warcraft fuera la primer gran película basada en un videojuego, pero no), juguetes (La Gran Aventura Lego y su próximo spinoff, Lego Batman), juegos de mesa (Battleship, Clue, Dungeons & Dragons, Ouija), libros ilustrados infantiles (Shrek, Cómo Entrenar a tu Dragón, Dumbo), libros de no ficción (Todo lo que Siempre Quiso Saber Sobre Sexo y Jamás se Atrevió a Preguntar), series de televisión (Star Trek, Mission: Impossible, 21 Jump Street)… y esto es sin entrar en la enorme cantidad de films basados o inspirados en hechos reales.

Y si podemos adaptar de todas esas fuentes… ¿es irrazonable usar como fuente para una adaptación otra película? ¡Por supuesto que no! Y tenemos diversas maneras de hacerlo: secuelas (sí, una secuela es una adaptación: en los Oscars, las secuelas compiten en la categoría “Mejor Guión Adaptado” por usar personajes de otro film), spinoffs, y remakes/reboots.

Aquí no faltará el que diga que un remake es un “robo”. A ése, le digo “Capo, te falta mirar mucho cine”. Hay múltiples motivos válidos para reversionar una película anterior: hacerla accesible a un nuevo público (debe haber por lo menos una decena de remakes de Un Novio para mi Mujer, incluyendo una italiana y una coreana), aprovechar mejoras tecnológicas (como la adaptación de El Libro de la Selva que estrenó Disney este año), adaptarse a nuevas sensibilidades sociales, aprovechar un buen concepto que podría ser mejor ejecutado (Ocean’s 11), o incluso algo tan básico como permitir a nuevos directores aplicar su sensibilidad artística a material ya existente (un buen ejemplo serían todas las adaptaciones de Batman desde Adam West a Ben Affleck).

2) Es una práctica perfectamente normal en distintas disciplinas artísticas

davidsComo dije antes, al oir que una película es una nueva versión de un clásico muchos hablan de “robo”. Pero reversionar clásicos (o no tan clásicos) es algo totalmente normal en otras artes.

Pensemos en los antecesores directos del cine como arte narrativa. El teatro vive nutriéndose de tramas clásicas. La mayoría de las obras de William Shakespeare son basadas en hechos históricos (Julio César, Ricardo III) o son remakes de obras anteriores. Si le hubiéramos exigido a Shakespeare crear nuevas tramas nunca hubiéramos tenido Hamlet o Romeo y Julieta… y eso a su vez nos hubiera dejado sin El Rey León (¡y su secuela directo a VHS!)

La literatura, por su parte, se originó en la tradición de los narradores orales. Todas las historias eran versiones de otras historias, y no era impensable que cada narrador incluyese nuevos elementos. Pensemos en las miles de versiones posibles del Rey Arturo o Robin Hood. O la cantidad de historias que han tomado a la Biblia como fuente de inspiración.

En las artes plásticas, durante siglos lo esperable era que los artistas representaran algunas escenas icónicas. Por ejemplo, hay dos famosas esculturas del Rey David (y eso si nos limitamos a artistas del Renacimiento con nombres compartidos por Tortugas Ninja). Lo mismo con escenas bíblicas como La Última Cena, o La Natividad. Hay múltiples interpretaciones de cada una (y decenas más) y nadie le diría ladrón a Leonardo o Miguel Ángel.

¿Y la música? Incluso limitándonos a la música popular, hay muchos temas que son más conocidos por sus covers que por sus versiones originales. Pensemos en Live and Let Die de Paul McCartney (reversionado por los Guns n’ Roses) o All Along the Watchtower (originalmente de Bob Dylan, pero más conocido por la versión de Jimi Hendrix).

3) Sin remakes nos hubiéramos perdido de obras maestras

il_fullxfull.745040738_kippEl otro día miré los perfiles públicos de algunos de los que odiaban a Cazafantasmas antes de verla por el mero hecho de ser un remake. En un caso, me sorprendí al encontrar una imagen de Tony Montana, el protagonista de Scarface. ¿Sabría esa persona que el film de Brian de Palma estaba basado en uno de Howard Hawks de 1932?

Durante el siglo y monedas que lleva de existencia el cine, ha habido cientos de remakes. En muchos casos, las versiones originales han sido totalmente reemplazadas por las nuevas. Sin remakes no tendríamos El Halcón Maltés (¡la versión con Humphrey Bogart fue la tercera en una década!). No tendríamos la versión de John Carpenter de La Cosa. No tendríamos El Señor de los Anillos (o estaríamos limitados a la adaptación animada de Bakshi). El Mago de Oz, Alicia en el País de las Maravillas, True Lies, Casino Royale… todas estas son películas que no tendríamos si no existiera la posibilidad de readaptar material ya filmado.

En algunos casos, hasta los mismos directores han reversionado su propio material. Hitchcock tiene dos grandes ejemplos: una es El Hombre que Sabía Demasiado, que filmó primero en Inglaterra y luego en Hollywood. Pero más interesante es el caso de Los 39 Escalones, Saboteadores y North by Northwest. Si bien son películas ostensiblemente independientes, la realidad es que en cada una de esos films Hitchcock reutiliza la trama general y muchas ideas de los anteriores. Interesantemente, en la histórica entrevista del maestro del suspenso con Francois Truffaut, ambos cineastas llegan a la conclusión de que North by Northwest es la mejor expresión de la visión autoral del director inglés.

4) El original sigue estando ahí

4647176-2356277765-robocFinalmente, uno de los argumentos de quienes odian las nuevas versiones de películas clásicas es que los remakes “destruyen los originales”. De hecho, yo acabo de mencionar unos cuantos films que reemplazaron a sus predecesores. Pero algo que hay que tener en cuenta es que los únicos casos en los que esto sucede es cuando el resultado es una obra maestra mejor que la original. Por el contrario, cuando un remake es un desastre creativo lo olvidamos prontamente. Cuando hablamos de Robocop, ¿quién piensa en la versión de 2014? ¿Cada cuanto mencionamos la Psicosis de Gus Van Sant, salvo en listas de remakes innecesarios? ¿Y la versión de 2011 de La Cosa? ¡Nadie la menciona jamás, todos recordamos la versión de Carpenter o la original!

Incluso habría que considerar otro factor: un remake puede devolverle atención a una obra original que ha sido algo olvidada, o incluso ayudar a nuevas generaciones a redescubrir películas que jamás hubiese considerado ver.

Si miramos la historia, estos dos últimos argumentos hacen que desde el punto de vista artístico, no haya mejor idea que hacer una remake: si supera a la original, será un merecido reemplazo en el canon del cine. Si fracasa, será olvidada, mientras que la original será admirada por décadas. ¿No es este un escenario creativo perfecto? ¡Aguanten los remakes!

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